El Palique de Jerez
Vermut caoba. Se aferra al paso del tiempo, elegante, combinando la piel de naranja y la flor de azahar para recordar intensamente el aroma de Jerez. Y vaya si lo recuerda. Abre el discurso con vinos viejos olorosos y Pedro Ximénez, habla de botánicos - ajenjo, díctamo de Creta, angélica...- mientras añade un toque especiado y otro tostado, y cierra con un matiz amargo, dulce y oxidativo. Y ya. No tiene nada más que añadir.
El Palique de Reus
Vermut rojo tierra. Si algo lo hace único es la combinación de mandarina, piel de naranja y lima. Pero no se conforma con el intenso aroma cítrico y suma a la conversación una selección de hierbas mediterráneas: tomillo, romero, laurel... Así sí. Entre un sabor dulce y amargo y con un tono fresco, ha conseguido ser el centro de atención.
El Palique de los Madriles
Vermut rojo rubí. El aroma dulzón a vainilla, canela, los matices afrutados y las hierbas mediterráneas de fondo revelan los secretos del Madrid más castizo. Escuchamos una voz suave, golosa, agradable, fresca, mientras olemos barquillos, galletas, madroños. Y entonces al probarlo ahí está, el ajenjo, abriéndose paso entre el dulzón y el amargor para soltarnos la lengua. No, no se ha dejado nada en el tintero.
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